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sábado, 26 de febrero de 2011

Quinceañeros de ida y vuelta


Era como si a la secuencia espacio-temporal del universo le hubiera salido un agujerito rebelde. En aquel apartado banco del parque, el reloj no corría. Como dos gotas de aceite que se negaban a hundirse en el océano de la mediocridad cotidiana, aquella pareja estaba entregada a lo suyo, ajena a todo lo demás, flotando de gozo. Ella se dejaba hacer. Él sólo tenía ojos para ella. Bueno, y labios. Y manos. Sobre todo, labios y manos.

Con esas armas tan sencillas, y centrándose exclusivamente en la cara, el pelo y el cuello de ella (aparte de eso, su mano apenas había amagado con dos o tres excursiones descendentes hacia los inicios del canalillo), él había contribuido, alucinado, a que todo el cuerpo de ella empezara a retorcerse y a contorsionarse de puro placer. ¡Y eso que todavía quedaba lo mejor! Él no daba crédito a lo que estaba viviendo. Ella, menos todavía:

—¡Madre mía! ¡Si parece que tenemos 15 años! —acertó a exclamar espontáneamente, en un momento de respiro.

Él la miró a los ojos, sonriendo. Sus palabras también le salieron del alma:

—Claro que tenemos 15 años. Y unos cuantos más, es verdad, ¡pero los quince los tenemos! Nunca podremos comportarnos como personas de 50 hasta que no los hayamos cumplido, porque no hemos pasado por esa experiencia. Pero los quince podemos rescatarlos siempre que queramos.

domingo, 24 de enero de 2010

¿Des-amor?


- No te quiero, guapa. Ahora mismo no. Tengo que ser claro contigo, y conmigo mismo.
- Vaya… ¿Y a qué viene eso ahora?
- A que tú no me quieres. Tan sencillo como eso.
- Pero… no lo entiendo. ¿Y todo lo que me has dicho todo este tiempo?
- Todo lo que te he dicho es todo lo que te he dicho, por supuesto. Me parece que nunca te he dicho que te quisiera… Desde luego, querer querer es esencial para querer. Pero dos no se quieren si uno no quiere querer.
- Vaya trabalenguas, jeje.
- Sí, puede que sea un trabalenguas. Pero es lo que hay. Se intenta, se busca la correspondencia, y, si no se encuentra, se tira la toalla. Lo entiendes, ¿no?
- Mmm… Sí, creo que lo entiendo. ¿Pero a pesar de todo eso…?
- A pesar de todo eso. A pesar de todos los sueños, de las buenas intenciones, de los silencios preñados. A pesar de todo lo que vales y de lo que tú crees que no vales pero yo valoro. Y a pesar de que tengas la sonrisa cerrada más bonita, simpática y sugerente que jamás haya visto.

domingo, 20 de diciembre de 2009

¡¡¡ Yupiiiiiiii !!!


flipao456: ola princesitahapy!
flipao456: oye, ke e leido tu perfil y me dao cuenta ke tenemos muxas cosas en comun! Los 2 stamos en los mundos de yupi!
princesitahappy: Sí, claro, ¿pero en cuál de ellos?
[listo! ke eres un listo!]

jueves, 26 de noviembre de 2009

Una de miedo… y de misterio

–– Bueno, pues aquí estamos. Por fin cara a cara. ¿Ahora qué hacemos?
–– ¿Aparte de tomarnos estas cañas?
–– Sí, jeje. Y aparte de que tú te sigas comiendo estas patatas rancias.
–– Mmm… no sé. Yo empezaría por contarnos nuestros miedos.
–– Uuuuh… miedo. Qué tétrico. ¿No hay un tema mejor para conocerse?
–– Claro, tonta. Tú sabes que sí. Ya hemos hablado de un montón de temas, y lo bueno es que no se agotan.
–– Y duran… y duran… ¡ja, ja, ja!
–– Sí. Como el “conejito DurexFlex”, ¡ja, ja, ja! Me refiero… Sabes a qué me refiero. Eres importante. Estoy muy a gusto contigo. Tú también conmigo. Llevo ya un rato jugando con tu mano y no me había dado cuenta hasta ahora… ¡Ja, ja, ja! ¡No la quites!
–– Jooo… qué tonto.
–– A lo que iba. (Hablando de tonto…) Hasta ahora casi todo han sido risas y tonteo. Como sigamos así, de aquí a la cama hay un paso... ¡Uf…!
–– ¿Por qué Uf?
–– ¿Ves? Ya tenemos un ejemplo. Yo tengo un miedo tremendo a que el sexo lo invada todo antes de tiempo. A que nos camuflemos en él sin saber quiénes somos realmente y si nos queremos de verdad. Me pareces un ENCANTO con mayúsculas; me transmites un feeling increíble, y me encantaría quererte de verdad. Ni te imaginas cómo. Pero tengo miedo. Sólo quiero estar seguro.
–– Oooh… qué mono…
–– ¿Y tú de qué tienes miedo, guapísima?
–– Mmm… pero eso… eso tendrías que adivinarlo tú, ¿no? Es que si te lo digo, se pierde el misterio.
–– ¿Misterio? Jejeje. ¿Pero para qué quieres misterio? Para eso mejor nos tragamos un episodio de C.S.I., ¿no?
–– Sip. O una de Agatha Christie, jijiji.
–– Vaaaaaaale. Creo que capito.
–– ¿Capitas?, jajaja.
–– Sí, jajaja.
–– Mmm…
–– Aaaay… mi cosita misteriosa… ¿Tienes miedo a decirme tus miedos? No importa, te entiendo. Sólo quiero que sepas que estoy aquí. Que mis intenciones son las mejores. Y que te escucho. ¿Vale?
–– Vale.
–– ¿Estás bien?
–– Ni te imaginas cómo.
–– ¡Pero estás temblando!
–– Sip.
–– ¿Tienes frío?
–– No, jajaja. Tengo miedo.
–– ¿Ah, sí? Jajaja. ¿A qué?
–– A darte un beso.
–– ¡Vaya! ¿Y te gustaría quit…?
–– Muaaaaaac